¿He fracasado?

¿He fracasado?

Al levantarme esta mañana me sentí así, fracasado, hastiado de la vida, incapaz de sobreponerme al sentimiento de vacío que se albergaba en mi corazón por los últimos acontecimientos.

Acostado ahí, en mi cama, con mis ojos aún cerrados, recordaba todas las cosas que invariablemente te asaltan mentalmente cuando pasas por una situación parecida.

Comencé a reflexionar sobre lo que había sido mi existencia hasta ese momento, mi pasado, el presente que vivo, y el futuro que no conozco.

El pasado, pues, es pasado, ya se fue, no vuelve, gracias a Dios, porque, aunque no fue todo lo productivo que esperaba en ciertos términos materiales, tampoco fue uno para echarme a llorar, pues todo lo aprendido en el mismo me ayudó grandemente, y esa experiencia de vida sirve para determinar en parte mi futuro, y no cometer los mismos errores que en su hora descarrilaron el camino que supuestamente llevaba trazado en la consecución de unas metas. Mis metas.

El presente, mi presente, no es que sea uno lleno de rosas, ni tampoco todo lo feliz que quisiera, como dije anteriormente, en ciertos términos materiales, pero es lo suficientemente feliz para sentirme satisfecho, pues tengo a mi lado a la persona que anteriormente no tenía, y esa personita especial de mi corazón hace que vea mi destino con un crisol distinto que solamente el verdadero amor proporciona.

Mi futuro, pues, nada ni nadie lo puede predecir, con la excepción de Dios, y no debo, ni tengo, que preocuparme por cosas que posiblemente ni ocurran, como le sucede a la mayoría de las personas, el preocuparse mental y emocionalmente por un futuro incierto que no podemos adivinar siquiera. No vale la pena, sinceramente.

A veces en la soledad de nuestras vidas lloramos por lo que tuvimos, ya no tenemos, y por lo que nunca poseeremos, desgastando con ello parte de nuestras energías y salud mental, y cuando llegamos al final del camino, descubrimos que nada de eso era importante, que nada de lo que en su minuto nos dolió, era lo suficientemente valioso para provocar nuestro pesar. Seres humanos al fin, actuamos como tales, y cerramos los ojos ante la realidad de que pase lo que pase, seguiremos levantándonos todas las mañanas con una nueva vida por delante.

Está en nosotros llorar, o reírnos por la oportunidad que Dios nos brinda de seguir respirando y viviendo, o echarnos en las negras aguas del fracaso, donde una vez te tiras en ellas, es casi imposible el sobrevivir y salir victorioso.

¿He fracasado?

Todavía vive en mí ese fuego interior y la pasión de triunfar que desde niño poseo, y en mi corazón y espíritu aún habita el guerrero implacable que de tantas derrotas me ha librado en el pasado, y ciertamente en mi presente.

¿He fracasado?

Quizás no tenga lo que anhelo en la cuestión material, ni tampoco posea esa felicidad superficial que únicamente proporciona el dinero, pero sí tengo lo que genuinamente importa, el amor, y el deseo ferviente de seguir adelante luchando contra todos los obstáculos que se me atraviesen en mi ruta hacia la realización de mis sueños.

Cuando veo a tantas personas que se rinden sin tan siquiera comenzar la lucha, eso me impulsa con renovados bríos a despertar y salir escapando de esta zona de confort donde me encuentro ahora, y batallar hasta la muerte por lo que quiero, sin desfallecer ni rendirme, porque la vida se compone de esto: seguir adelante, aunque tengas deseos de llorar y abandonar todo, y aunque nos traiga sufrimiento y lágrimas, vale la pena vivirla.

No he fracasado, aunque a veces me asalten las dudas y los temores, porque a mi lado tengo a la persona que amo con todo el corazón, y al frente, guiándome en medio de la oscuridad y del miedo al fracaso, se encuentra Dios.

Con semejante compañía nadie fracasa. Posiblemente las alegrías tarden un poquito en llegar, pero las disfrutaremos más por lo que costó conseguirlas.

Así que más vale que me levante de esta cama, y siga luchando por mis sueños, porque nadie va a hacerlo por mí, y nadie va a tender su mano cuando me vean batallando por lograr lo que la vida tiene en agenda para mí.

No he fracasado, porque tengo vida, y un corazón que jamás se rendirá ante el miedo…

 

 

 

 

 

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