Capítulos Gratuitos Tiempo de Hacer las Paces con mis Demonios

El Principio del Fin

Suena un poquito dramático, lo admito, pero así está la cosa, bien mal. Por lo menos para mí, que me siento enfrente de mi ordenador, o laptop, o computador, como quiera que lo llamen en tu país, preguntándome lo siguiente: ¿Qué rayos pasa con mi vida? ¿En qué momento se fue todo al demonio? ¿Cómo diablos llegué hasta aquí, escribiendo todo esto que siento en este momento? ¿Tan malo he sido en este detrimento de vida que al final me está cobrando todo lo que hice, o no hice?

Porque tú pagas por tus errores, lo admito de corazón, pero también pago por los errores de los demás, aunque no me corresponda hacerlo, pues otra persona tira la piedra y a mí me castigan como ángel rebelde bajado del cielo.

¿La vida no vale nada? ¿Me lo preguntas o me lo dices? Ciertamente, para mí, que soy el que atraviesa esta crisis existencial, en la que no atisbo ni una lucecita de esperanza al final del largo recorrido de mi existencia, no vale absolutamente nada.

Voy a hacer como hacen los demás mortales cuando se encuentran en esta encrucijada, llorar

¿O no? ¿Llorar para qué? ¿Para que me tengas lástima? ¿Para que llores conmigo, hombro con hombro? ¡Qué va! Ni lo sueñes. No se te va a dar.

No te pienso dar ese gusto, no señor. Si has leído hasta aquí, ahora te aguantas, porque recién estoy comenzando con mi escrito, y no pienso irme hasta que acabe, con el escrito, o con tu dejadez de no hacer las cosas cuando debes.

Porque de eso se trata este libro. No de pegarme un tiro, ni arrojarme por un barranco, ni de atravesarme enfrente del tren, que ciertamente por aquí eso no existe; solamente carros, aviones, y dos o tres cositas más que si son capaces de matarte si te dejas.

No. Aquí se trata de contarte algo a continuación, una pequeña historia, un cuento si deseas llamarlo así, de cómo un ser humano llega hasta el fondo y no es capaz de levantarse por sí mismo, ni de recobrar la energía y vida que en su momento tuvo que tener para llegar hasta donde está ahora, aquí, leyendo estas líneas que repentinamente, como no tengo nada mejor que hacer, y estoy súper aburrido, me puse a escribir para ti y para todo el que esté atravesando por situaciones similares que han logrado derrumbar por completo su fe y su deseo de vivir.

Porque así me siento yo, sin deseos de vivir, de continuar; de nada. Ni siquiera la mención de una rica pizza de pepperoni me llama la atención, y eso que me encanta comerla.

No. Nada, pero nada, me entusiasma, ni me hace vibrar.

Ya ni recuerdo cómo me sentía cuando era niño, y luego jovencito, cuando hasta las miradas de la niña que te gustaba te hacían temblar de los pies a la cabeza, y cuando alguno de tus padres que te buscaba para darte con la chancla por hacer algo malo, te ponían a correr a esconderte debajo del sofá de la sala.

Tiempo De Hacer Las Paces Con Mis Demonios no es solamente la pequeña historia de una vida, quizás la mía, o la tuya, si te reflejas en cada una de mis palabras.

Esta historia, si así deseamos llamarla, trata sobre todos esos sentimientos que experimentamos, que sentimos, que vivimos día a día en nuestra existencia, y que nos atormentan desde el amanecer hasta el anochecer, desde que despertamos, hasta que conciliamos el sueño en las noches, si es que podemos, y no nos persiguen en nuestros sueños para atormentarnos.

Son demonios, nuestros demonios, los personales, los íntimos, los que son de nuestra propiedad, los que permitimos crecieran en nuestro interior por los pasados largos años, y no los que me decía mi padre cada vez que algo le salía mal y comenzaba a vociferar y rezongar por su maldita mala suerte, ni cuando insultaba y peleaba con todo el mundo porque le llevaban la contraria de lo que él deseaba. En este caso, se refería a demonios religiosos, los que antagonizaban con Dios en el cielo, y en los que creía a ojos cerrados por cuestión de sus principios religiosos arraigados desde su infancia, y desarrollados a través de su vida adulta hasta el presente en la vejez.

Para nada me refiero a esta clase de personaje religioso o mitológico, y respeto las creencias sobre este particular de cada persona, pues si hay algo en lo que nunca debemos entrometernos es en las preferencias o dogmas de cada ser humano, pues tus derechos comienzan donde terminan los míos, ¿no? Al menos en teoría se supone que sea así, respeta para que te respeten, no hagas a otros lo que no deseas para ti y un sinfín de frases y eslóganes que realmente pues no vienen al caso ahora, pues este libro es para conversar un poco sobre tus demonios, los míos, y los de todos esos lectores que de una u otra forma se sienten atrapados, desesperados, atormentados, destruidos, por situaciones difíciles y dolorosas que luego en el devenir de los años se convierten en esos monstruos malignos que nos acechan en la oscuridad de nuestros pensamientos, en lo más recóndito de nuestras almas, para salir de improviso y acabar con el último reducto de esperanza que siempre anhelamos conservar a pesar del desastre en que se ha convertido nuestra existencia.

¡Qué triste ver que nuestros sueños de niño se convirtieron en la nada de mi presente! Y que doloroso creer que, no obstante, las palabras de aliento que puedan regalarnos las personas a nuestro alrededor que se apiadan de uno, nos es prácticamente imposible el poder superar todos estos obstáculos insalvables que diariamente nos bloquea el corazón y el pensamiento impidiéndonos actuar y vencer este agarrotamiento de voluntades, que, si le permitimos dar un paso más, puede llegar a convertirse en la derrota de la vida que queríamos, pero que no fuimos capaces de luchar.

De esto se compone lo que llamamos vida, de luchar, de amar lo que debemos amar, de reír cuando sea la ocasión, también de llorar cuando llegue el momento, pues somos humanos, ¿no? Y como tal se supone que exhibamos un patrón de conducta acorde a nuestra condición natural. La llamada vida es como una caricatura de muñequitos, que según vaya actuando puede llegar a despertar muchos sentimientos en nosotros, desde reír hasta llorar, y en muchas ocasiones, actuar, correcta, o estúpidamente.

Lo que se supone fuera una especie de corta introducción al contenido real de este libro parece haberse descarrilado hacia otros derroteros argumentativos extensos que sí vienen al caso, pero de los que voy a abundar según vayan transcurriendo los 100 capítulos de este libro, titulado, bueno, ya ustedes saben.

¿A que esperamos?

Que comience la función.

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