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TU PEOR ENEMIGO PARTE 1

Divagaciones

Estoy observando la pantalla de mi laptop en este instante, prácticamente con mi mente en blanco, o casi, pensando en tantas cosas, tantos recuerdos, buenos, malos, alegres, tristes, como una vorágine de pasiones y pensamientos volando y volando sin cesar dentro de mí, y pienso que sin importar lo que suceda en mi futuro, o lo que acontezca tan pronto como hoy, siento que debo escribir estas breves páginas, al menos cien más o menos, aunque no creo, al menos unas veinticinco, para no aburrir mucho a mis lectores, y a todas esas personas que sintieron la curiosidad, o tuvieron la valentía, de ponerse a leer un ratito las divagaciones y recuerdos que anidan en mi corazón y que voy a exteriorizar aquí, para ustedes.

Si lo consigo o no, entretenerlos una hora, o dos, y motivarlos a seguir adelante en todo lo que se propongan, habré conseguido lo que quería, que al final del libro, si se puede llamar así esta corta historia, les platicaré íntimamente, usted y yo a solas; usted en la quietud y silencio de su habitación, y yo en la mía, lógicamente, acompañado de mi bella esposa, la luz de mi universo.

Pero ya eso es harina de otro costal, materia para otro libro, así que no les voy a distraer de lo principal que es decirles a ustedes que la existencia misma no es fácil de vivir, pero cuando se tiene un motivo para levantarse cada mañana para seguir luchando, sin importar la gente negativa que te rodea, pero, para no seguir dando lata con lo mismo, les voy a resumir en puntos lo que ha sido mi diario vivir por los pasados años, especialmente estos meses del 2016, que han sido tanto gratificantes, luego les diré la razón, como instructivos, y no en el sentido positivo, quiero aclarar.

Todas estas palabras se resumen en divagaciones, ideas locas, otras no tanto, que asaltan mi mente en este instante, para ver si logro finalmente eslabonar una serie de acontecimientos que me han llevado esta noche a escribir todo esto que usted está leyendo.

Voy a enumerar unos 10 puntos o temas, cortos, a lo largo de este escrito motivacional, que me han ayudado a través de mi existencia, y digo ayudado, porque, aunque muchos en ese instante me sumieron en una depresión profunda, en que no podía ver la luz al final del túnel, me ayudaron en el sentido de que poco a poco fueron labrando el molde de mi persona hasta convertirla en alguien capaz de superar las adversidades.

No soy perfecto; disto mucho de serlo, y he reído, he llorado, he sufrido, y soy igual que tú o cualquier otro ser humano, quizás con la pequeña diferencia de que he logrado derrotar mis miedos, mis angustias, mis depresiones, y el terror a lo nuevo, para escribir todo esto que estamos leyendo ahora, y que espero, de corazón, te pueda ayudar a seguir tu camino en la vida, solo o acompañado, con una nueva visión, porque así como te sientes hoy, que lees esto, así me sentí yo ayer, en la soledad de mi alma y espíritu, y que no dejaba que yo pudiese ver lo hermosa que es nuestra existencia.

Pero como dije anteriormente, basta ya de tanta charla.

Time is money,

Y no lo recuperamos.

Así que comencemos…

 

Una de mis peores derrotas

Estoy escribiendo este libro en una semana en la que sufriré en carne propia una de mis peores derrotas. Derrota solamente, no fracaso de vida ni nada por el estilo.

Los seres humanos creen, erróneamente, que el ser derrotado equivale a fracasar en la vida. Lamento decirles esto a esas personas, pero se equivocan.

El ser derrotado, no una, ni dos, ni tres, ni mil veces, equivale a que hemos fracasado en todos nuestros sueños, ni en lograr nuestras metas y más caros anhelos, sino que este es únicamente un eslabón en la gran cadena que significa nuestra existencia, y se une a otros eslabones que conforman nuestro yo desde el momento en que vemos la luz por vez primera.

¿Por qué comienzo este primer punto así? Sencillo. En estos días es que se me paga la lealtad, la honestidad, el deseo de ayudar a otros, de que ellos se superen, de que las personas tengan lo mejor que pueden conseguir, con una puñalada trampera a nuestras espaldas, aquí, lógicamente, en la mía.

Una vez dije, perdón, me equivoco, de que en la mayoría de las veces nos pagan con dolor lo que nosotros damos con alegría, y nos golpean fuertemente cuando nosotros damos solamente el apoyo que se necesita para ganar algo.

¿Acaso no tengo razón? ¿Cuántas veces te han desilusionado, o golpeado fuertemente en tu corazón, cuando lo que esperabas era lo contrario? ¿No te has sentido que todo lo que hiciste fue en vano? ¿Qué nada vale la pena? ¿Qué la vida no merece ser vivida, únicamente por una decepción inesperada?

Estoy hablando, en este punto, de algo que se llama lealtad. Lealtad a los demás, lealtad hacia lo que crees, lealtad en las instituciones, en las personas, en tu familia, en todo lo que se te antoje ser leal.

La lealtad, tú que lees esto, empieza por ti mismo, no en los demás, pues lo demás te fallan cuando esperas de ellos lo mejor, y te traicionan cuando no lo esperas. No digo que no vale la pena ser leal, lo que digo es que tienes que tener cuidado en qué o quién pones esa lealtad. No todos saben agradecer.

El mundo es así, no es un universo rosado donde los elefantes vuelan, el gato anda con botas y los peces hablan. No. Esto no es así. Es un mundo cruel, inmisericorde, despiadado, arrebatador de ilusiones y sueños, donde, si te dejas derrotar, y te deprimes en uno de esos días en que nada te sale bien, fracasarás.

Vaya si fracasarás, porque le habrás dado a eso que te derrota, el arma, el poder necesario para acabarte para siempre, y esa arma es tu falta de fe en el mañana, tu falta de confianza en Dios y hacia todos, porque el que una persona o dos te fallen, no quiere decir que vas a empezar a llorar y a derrotarte ahora mismo, ni de que te vas a tirar por un risco para suicidarte, ni de que te vas a ir corriendo de tu país como hacen muchos, o de que ya no reirás en las mañanas cuando veas el rostro sonriente y hermosos de tus hijos, de tu pareja; de tu familia en general.

No. No te puedes dejar derrotar, porque eso significa que todo lo que has vivido hasta ahora no te servido de nada, no te ha cincelado el alma de manera perfecta, no te ha moldeado ante Dios ni menos ante los hombres, ni te ha convertido en lo que quieres ser ahora, no ayer, ni mañana, sino ahora.

No. No puedes decaer, ni entregar las armas, ni dejar de luchar y abandonarte a tu suerte, a ver si alguien se compadece de ti y dice: “ay bendito, el pobre”, porque eso no va a suceder, ¿y sabes por qué no sucederá? Porque ya basta de compadecerte a ti mismo, ya basta de buscar la aprobación de los demás, ya basta de tantas lágrimas y lamentos, y de que no puedas sacar el pie del hoyo, y, sobre todo, ya basta de que estés viviendo tu vida sin vivirla, a medias, sin entender el sentido exacto de tu existencia, solamente porque otros te quieren enseñar y obligar a vivirla como ellos desean o se les antoja.

¿De qué demonios sirven todas esas derrotas, esos golpes emocionales en tu pasado, si todavía no has aprendido la lección? Quizás te sirvan para rumiar tus penas en el alcohol, para llorarle en el hombro a un desconocido, para sentirte menos de lo que realmente vales como individuo, como ser humano y pensante que tiene todo el derecho inalienable en el universo para ser lo que quieras ser, y no un pelele manejado por hilos invisibles que controlan tu vida, sino como alguien de carne y hueso, con sentimientos, con aspiraciones, con deseos de superarse, de triunfar. Esa es una de las claves de todo lo que hemos estado conversando tú y yo en esta charla íntima que mantenemos desde que empezaste a leer este libro, esta vivencia mía, desde el preciso momento en que viste este título en la librería online de tu lugar preferido en tu computadora u ordenador, como quieras llamarlo, y algo en tu interior te impulsó a comprarlo.

No te engañes, ni trates de engañar a los demás. Tu vida no va tan bien como quisieras, no marcha sobre ruedas cómo pensaste iba a ser cuando eras niño, y creíste eso de que los elefantes con orejas grandes volaban.

Si estamos aquí hoy, tú y yo, es porque sabes, aunque no quieras reconocerlo abiertamente, de que a pesar de que estás, te sientes cansado de la misma basura diaria que vives a tu alrededor, y en tu propio entorno laboral y personal, sabes que todavía hay dentro de ti esa pequeña chispa que creíste olvidada, esa pequeñita, susurrante voz que te dice al oído, que aún es tiempo de encarrilar tu existencia vacía hacia una plena llena de felicidad, y que uno de los primeros pasos a seguir para lograr eso es empezando a leer todas estas cositas que te estoy escribiendo aquí, porque sabes, te lo repito, que tienes esperanza, que tienes fe, y de que puedes, claro que puedes, convertir tus derrotas en victorias completas, con la ayuda de Dios y de ti mismo.

¿Sabes que, a pesar de esta pequeña derrota, me siento mejor que nunca? Paradójico, ¿verdad? ¿Y sabes por qué? Porque a mi si mis derrotas me han servido para convertirlas en victorias pequeñas hasta el día de hoy, en que finalmente, gracias a mi voluntad de seguir adelante sin importar el dolor, me superé a mí mismo para triunfar en lo que quiero, sin depender de nada ni de nadie.

No nos engañemos, porque estoy aquí para hacerte ver, de que una pequeña derrota es eso, una pequeña derrota de la que debemos aprender para no volver a cometer el mismo error, y de que esa pequeña derrota, aunque tú la creas grande, es solamente un pequeñito eslabón en la cadena que nos llevará a triunfar mañana.

¿Confías al menos un poquito en lo leído?

¿Crees en todo lo que hemos conversado hasta ahora?

Vamos entonces por la ruta correcta, así que no nos detengamos.

Sigamos.

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